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Norgara

Escuchar a los bebés

Escuchar a los bebés

La escucha. Antes de seguir leyendo, te invito a que reflexiones 2 minutos sobre lo que significa para ti esa palabra. Quizá te ayuden estas 2 preguntas:

¿Cuándo me sentí escuchada/o por última vez? y ¿Cuál es mi manera de escuchar?

Si has dado con una respuesta en la primera pregunta, es probable que te hayas dado cuenta de que sentirnos escuchadas/os no es algo que pase muy a menudo. A diario mantenemos conversaciones, compartimos experiencias, opiniones y emociones, pero no siempre son acogidas por la otra persona desde una verdadera escucha. Es habitual que nuestras conversaciones estén basadas en oír y responder. Y esto no necesariamente significa escuchar.

Por otro lado, si tu respuesta a la segunda pregunta ha sido algo así como “entiendo lo que me dice a través del oído”, permíteme decirte que estás lejos de escuchar. Puede que estés oyendo, pero no escuchando. Porque escuchar requiere primero oír, para poder captar el mensaje verbal, pero también requiere estar atentos a otras señales que no son necesariamente verbales. Si no, ¿cómo escuchamos la necesidad de un bebé cuya actividad verbal se limita a emitir gorjeos y balbuceos sin contenido aparente? o ¿cómo podemos escuchar su llanto?

Si en estos casos confundimos el oír con el escuchar, es probable que no seamos capaces de interpretar ni de entender los mensajes de los ejemplos anteriores.

A veces me planteo que más allá de ser conscientes de esta sutil pero importante diferencia, la dificultad puede encontrarse en que la escucha es un acto que requiere retroalimentación. Si pudiera simbolizar la escucha con una imagen, ésta, sería la de hacer de espejo. Es decir, cuando escuchamos recibimos el mensaje, estando abiertos al contenido verbal y también al tono corporal, a la energía disponible, al gesto facial,… más allá de oír percibimos con todos los órganos de los sentidos, incluyendo como sexto sentido la intuición. Y una vez configurada la imagen de aquello que estamos recibiendo, se la ofrecemos a la persona, por una parte, como manera de asegurar que hemos entendido correctamente (y si no es así podamos rectificar la imagen creada) y por otra, para darle la oportunidad de seguir explorando desde ahí.

Ahora imaginemos, ¿Qué pasaría si cuando estamos “haciendo de espejo”, resulta que está totalmente emborronado? Si nuestro espejo está pintado, rayado o lleno de vaho, la imagen que le estaremos devolviendo estará lejos de ser real. En esa imagen estaremos poniendo de manera inconsciente opiniones, creencias o necesidades nuestras, que con suerte, la otra persona reconocerá y negará como propias. Siendo menos afortunadas/os, aceptará que es así y asumirá algo externo como propio.

La escucha

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Y qué podemos hacer?

Como decía, resulta complicado devolver una imagen transparente si nuestro espejo no lo está. Y la única manera de hacerlo es, a su vez, a través de la escucha. De la auto escucha.

Resulta necesario ser consciente de mis deseos, expectativas, creencias, necesidades y de mis emociones, para poder acoger las de la otra persona. Necesito reconocer lo mío para no proyectarlo en el otro. Por ejemplo, si escuchar llorar a mi bebé es algo que me irrita y me resulta especialmente difícil de sostener; digamos que es lo habitual ya que el llanto de un bebé está diseñado precisamente para eso, para que nos active todas las alarmas y no tengamos más remedio que ponernos en acción para calmarlo. De lo contrario, sería más difícil garantizar que sus necesidades fueran atendidas y por lo tanto, su supervivencia quedaría comprometida. Entonces, si no me hago responsable de que esta dificultad es mía, de la emoción que desencadena en mí su llanto, es mucho más probable que lo cargue sobre mi bebé. De esta manera, encontramos madres y padres frustrados por tener bebés muy llorones, quejicas, cabezones, que pueden llegar incluso a etiquetar de “tiranos?”. Esto genera a su vez una falta de conexión empática que dificulta poder escuchar aquella necesidad que hace llorar al bebé. Y si algo tengo claro es que nadie llora por gusto y mucho menos por fastidiar a sus progenitores.

¿Y cómo practico la auto escucha?

Cualquier método o herramienta que nos ayude a parar, a tomar conciencia de mi aquí y de mi ahora será útil. Algunas personas lo consiguen dando un paseo, otras saliendo a correr. Otras personas necesitan una persona que haga de guía y acuden a sesiones de meditación, yoga, mindfullness, biodanza, grupos de crecimiento personal o terapia. Todo vale si te ayuda a conectarte con tu interior y como hemos visto, esa es la única manera de podernos conectar con el otro.

¿Preparada/o para practicar?

Lidia Aguilera

#Familiar #Gran Angular

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