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Norgara

5 recomendaciones para un nuevo punto de partida

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En muchas ocasiones me sorprendo a mí misma “forzando” a los pequeños a hacer cosas que ni se me ocurriría hacer con los/as niños/as con los que trabajo terapéuticamente. Y es que, en ocasiones, los roles marcan un estilo de conducta, y lo beneficioso y adecuado se vuelve más difuso cuando funcionamos desde la confianza de las relaciones familiares.

Me he atrevido a compartir esta reflexión, al observar que son situaciones a las que habitualmente se enfrentan los menores. Desgraciadamente, todavía no tienen recursos adquiridos para hacer frente a estas situaciones, por lo que nos toca a los adultos poner cuidado en ellas.

Las recomendaciones que expongo a continuación, son todas extraídas de mi propia experiencia; no como niña, sino como adulta que se relaciona con sus familiares menores o hijos/as de amigos/as.

1. Ser discretos con sus comentarios, ideas o preguntas. De forma habitual, comentarios graciosos o sorprendentes de niños/as son aireados a los 4 vientos incluso delante de ellos/as mismos/as. Si lo hacemos sin su consentimiento, no estamos respetando su intimidad y se pueden sentir ridiculizados al ver que los adultos se sorprenden (¡o se ríen!!) de sus comentarios. Como mínimo convendría que tuviéramos la deferencia de no contarlo cuando esté presente (ojo cuando están cerca centrados en otra tarea o juego, aparentemente no hacen caso pero escuchan y se enteran de todo). Aunque lo más conveniente sería pedirles permiso para contarlo explicándoles que su comentario nos ha encantado, nos ha sorprendido o nos ha divertido mucho.

2. Entender su enfado. Atentos/as con los “no pasa nada”, “no es para tanto”, “venga, ya pasó”. Pensemos en cómo nos sentimos cuando estamos intentando desahogarnos y nos responden de esta forma, ¿nos ayuda o nos enfada más? Que para nosotros su motivo de enfado sea una tontería no significa que para él/ella también lo sea. De lo contrarío, no se habría enfadado.

3. Darles la oportunidad de decidir sobre asuntos triviales del día a día. Por ejemplo, cómo quieren combinar la ropa para ir al cole, la fruta de la merienda, si quieren bajar disfrazados al parque o inventarse una nueva forma para hacer puzzles. Darles espacios de decisión favorecerá que según vayan creciendo les resulte más fácil mantenerse fiel a lo que ellos/as piensan, sienten o simplemente, quieren hacer. Los/as niños/as desde muy pequeños/as saben lo que les gusta y respetarles y apoyar sus gustos es importante para que adquieran seguridad en sí mismos/as.

4. Respetar su NO en asuntos que no son de vital importancia como los besos o las fotografías; El beso es un contacto muy íntimo que únicamente ellos deberían permitir; es lícito que se nieguen a dar un beso al despedirse del abuelo o no quieran besar a la antigua compañera del cole de mamá. Podemos enseñarles otra forma de despedirse o de presentarse a alguien (diciendo hola y adiós, saludando con la mano). El tema de las fotos tampoco se queda lejos; son un recuerdo que encanta a los adultos, pero hoy en día están tan disponibles que los/as niños/as pueden agobiarse de ser el centro de todos los retratos. Tratamos de convencerlos, de medio engañarles para sacar la deseada instantánea e incluso de robárselas como si fuésemos paparazzi de las revistas del corazón. Realmente, ¿son necesarias?

5. Aceptar su resistencia a compartir. Tanto si es con personas a las que no conoce (otros niños que se puede encontrar en el parque por ejemplo), como si es con hermanos/as, primos/as cercanos o amigos/as de la familia, obligarles a compartir cuando ellos no están dispuestos puede ser contraproducente, además de injusto e irreal. Los adultos no vamos compartiendo todo con otros adultos (de lo contrario, las personas que piden a la puerta de los supermercados estarían sobre-abastecidas) y es una falacia hacerles creer que quien no comparte es egoísta. ¿Qué pasaría si siempre compartiésemos aquello que tenemos? Es bueno compartir, si decidimos libremente con quién, cuándo y cómo hacerlo.

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Como he comentado al principio del texto, éstas son reflexiones basadas en mi propia experiencia y muchas veces me sorprendo a mí misma cayendo en alguna de estas actitudes. Supongo que las integré hace tiempo, y sé que el re-aprendizaje en estos casos lleva su tiempo.  Así que me lo tomo con paciencia, y trato de aprovechar cada uno de estos “errores” para re-encaminarme hacia una relación un poquito más respetuosa con los más peques de mi familia. Espero que para algunos/as lectores/as de este blog, sea también un nuevo punto de partida. Feliz viaje.

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