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Norgara

No se puede cooperar desde el mismo nivel de conciencia desde el que se compite

No se puede cooperar desde el mismo nivel de conciencia desde el que se compite

NosotrosYa no le queda ninguna duda a nadie de que en los tiempos que corren, y vaya que corren, necesitamos cooperar. La cooperación se presenta como el nuevo maná, como en otros tiempos fue la calidad y posteriormente la innovación. Vemos “hablar de” y “promover” la cooperación (para otros) en todas las esquinas. Es junto con el emprendizaje la pareja de caballos que nos va a permitir retomar el tren del crecimiento que tanto añoramos como solución a todos nuestros males. Me doy cuenta al escribir esto que estoy un poco enfadado, harto, y por otro lado triste y cansado de ver cómo perseguimos el horizonte. Cómo repetimos patrones dentro de un mismo paradigma, de un mismo modelo mental. Cambiamos los lemas o proclamas, pero nos mantenemos dentro de las mismas lógicas: el árbol no nos deja ver el bosque.

Y es que no nos damos cuenta que cooperar exige dar un salto en el nivel conciencia desde la que operamos; exige cambiar, extender nuestra identidad individual y colectiva. Requiere empezar a vislumbrar un nosotros. Competimos con un “otro”, pero para colaborar necesito tener un marco de un “nosotros”, ya que si no es así, sigo operando tácticamente con ese “otro”.

No se puede cooperar desde el mismo nivel de conciencia desde el que se compite.

De ahí que los grandes obstáculos (o palancas) para la cooperación no están en las herramientas o plataformas necesarias. Tampoco en los espacios de encuentro. Ni siquiera en explicar las bondades (o necesidad) de cooperar. Eso no es suficiente (y eso es lo que habitualmente hacemos). A mi entender la clave está en cambiar el modelo mental desde el que opero, desde el que defino el mundo y me defino a mí: vamos, requiere transformarme, cambiar aquél que soy; saltar de una conciencia Ego a una Eco.

Cooperar requiere aceptar una máxima: “solo no puedo, no quiero; contigo, con vosotros es mejor, es imprescindible”. Y esto requiere un acto profundo de humildad. A veces de aceptación dolorosa; de de-construcción del ego. De sentirme co-responsable de esos resultados que producimos colectivamente y que nadie quiere. De despertar a que vamos en el mismo barco. “Quiero dejar la lucha en un combate que nada importa quien pierda o gane, la misma sangre, somos lo mismo, el mismo sueño, que arde” canta Bongo Botrako en Dale a la vida.

Y es que ya lo decía Teresa de Calcuta: “el problema del mundo es que dibujamos nuestro círculo familiar demasiado pequeño”.

Para aprender a dibujar ese círculo más amplio se está gestando un nuevo proyecto colectivo: gu.eskola (escuela del nosotros)

Continuará…

Nice Lazpita

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